Treinta cobros de $10 en doce minutos, todos rechazados menos tres.
Así se ve cuando alguien usa tu tienda en línea para probar tarjetas robadas.
No te roban a ti directamente: prueban qué tarjetas siguen activas para usarlas en otro lado. Pero los cargos que sí pasaron llegan semanas después como contracargos por fraude, con su comisión, y una ola de rechazos puede hacer que tu procesador revise tu cuenta.
Las señales son claras: muchos intentos seguidos, montos chicos e iguales, el mismo correo o la misma conexión con tarjetas distintas.
Lo que lo frena: un límite de intentos por cliente, una verificación en el pago y pedirle a tu procesador que active sus reglas contra intentos repetidos. Y si ya pasó, reembolsar esos cargos antes de que se conviertan en disputa.