Saltar al contenido
CustodiaRevenue

Casi todo contracargo empezó como un mensaje sin responder.

Antes de ir al banco, la mayoría de los clientes intenta resolverlo contigo: escribe por WhatsApp, manda un correo, comenta en la publicación. Si nadie contesta en un par de días —o contesta «déjame checar» y ahí muere—, el cliente hace lo único que sí le funciona siempre: llama a su banco.

Y ahí cambia todo. Deja de ser una conversación entre tú y tu cliente, y pasa a ser un expediente con plazos, con comisiones y con un porcentaje que las marcas de tarjeta te van sumando.

Por eso la primera línea de defensa no está en el área de disputas: está en quien contesta los mensajes. Un reembolso que decides tú, hoy, cuesta menos que un contracargo que decide un banco en dos meses.

Vale la pena medir una sola cosa esta semana: cuánto tarda tu negocio en responder el primer mensaje de un cliente molesto.