Un paquete que se quedó en la caseta de vigilancia puede costarte la venta dos veces.
Para la paquetería, el pedido se entregó: ahí está la guía con su estatus. Para quien compró, nunca llegó, porque nadie le avisó que estaba con el vigilante, con el vecino o en la puerta de al lado. Y en vez de escribirte a ti, llama a su banco.
En una disputa por mercancía no recibida, la guía que dice «entregado» ayuda, pero muchas veces no alcanza. Lo que pesa es lo que demuestra que llegó a esa persona, en esa dirección:
- que la dirección de entrega coincida con la que el cliente dio al comprar,
- la firma, la foto o el nombre de quien recibió, si la paquetería lo registra,
- y cualquier mensaje posterior donde el cliente pregunte por el uso de lo que compró o lo confirme.
Nada de eso se consigue el día que llega la disputa. Se decide antes: al elegir cómo envías y al guardar la evidencia de entrega junto con cada pedido, no solo en el portal de la paquetería, donde no siempre sigue disponible cuando la necesitas.