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CustodiaRevenue

La silla llegó. Era café, no negra.

Ese contracargo no dice que haya fraude ni que el paquete no llegó. Dice que el producto no era el que se ofreció, y se defiende en otro terreno: aquí no se prueba la entrega, se prueba la descripción.

Lo que pesa es lo que el cliente vio antes de pagar. La ficha del producto con sus medidas, el color y el material. Las fotos que estaban publicadas ese día. Lo que decía la página sobre cambios y devoluciones, y si el cliente tuvo que aceptarlo para poder terminar la compra. Si el anuncio se editó después, la versión que cuenta es la de la fecha de la venta, no la de hoy — y esa es justo la que casi nadie guarda.

Por eso vale la pena que la tienda conserve una copia fechada de sus fichas y de sus términos. Suena exagerado hasta el día en que hay que demostrar qué decía el anuncio hace tres meses.

Y cuando el reclamo tiene razón, porque a veces la tiene, sale más barato resolverlo con el cliente que discutirlo con el banco.