El cargo sale de tu cuenta antes de que alguien revise si tienes razón.
Es la parte del contracargo que más sorprende al comercio la primera vez. El orden real es ése: el cliente disputa, su banco le acredita el monto de forma provisional, y tu adquirente te lo debita a ti —junto con una comisión por administrar el caso— mientras el expediente se arma y se revisa. Si ganas, el importe regresa. La comisión, en la mayoría de los contratos, no.
En la práctica eso mueve dos cosas que no tienen que ver con la evidencia. Una es de caja: una venta disputada no es dinero tuyo hasta que el caso cierra, y el cierre se cuenta en semanas, a veces más, según la marca de tarjeta y el motivo. La otra es de contabilidad: si nadie cruza esos débitos contra los casos abiertos, el estado de cuenta del adquirente se llena de movimientos que al cierre de mes nadie sabe explicar.
Por eso la lista de disputas abiertas debería vivir al lado del flujo de efectivo, no en una carpeta aparte. No cambia el resultado de ningún caso. Evita planear el mes con dinero que ya no está ahí.