Muchas ventas en México se cierran por WhatsApp y se cobran con un link.
Es cómodo y funciona. Pero cuando llega la disputa, ese cobro llega con una desventaja: el banco ve una venta sin tarjeta presente, sin sesión de tienda en línea, sin nada del rastro que deja un carrito. Todo lo que la sostiene está en una conversación.
Se defiende, y se gana, pero hay que guardar tres cosas desde el día de la venta. La conversación completa, con el número del cliente y las fechas a la vista —no un recorte suelto—. El link que se envió y la confirmación del pago, con su referencia. Y la entrega: quién recibió, cuándo, firmado o con foto si fue a domicilio.
Conviene además que el link lleve el concepto correcto. «Pago» a secas no dice nada; «Mesa de centro roble, pedido 1043» le recuerda al cliente qué compró cuando vea el cargo tres semanas después, que es justo cuando se abren las disputas por no reconocer.
Si vendes por WhatsApp, esa conversación es tu expediente. Vale la pena tratarla como tal desde antes de que haga falta.