Un paquete trae guía y firma. Un acceso no trae nada de eso.
Cuando lo que se vende es digital —un curso, una licencia, una membresía, un archivo— el motivo «no recibí lo que pagué» se vuelve más incómodo de responder, porque no hay repartidor que confirme nada. Aun así se responde: la entrega sí deja huella, solo que la huella es otra.
Lo que pesa en esos casos es el correo de confirmación con fecha y hora, el registro de que la cuenta se activó, la bitácora de accesos después de la compra —que alguien haya entrado varias veces desde que pagó dice bastante— y los términos que el cliente aceptó antes de cobrarle, en la versión vigente ese día.
Nada de eso se consigue después. O la plataforma lo guarda sola desde la venta, o cuando llegue la disputa alguien va a estar buscando en un correo viejo con el plazo encima.
Si vendes algo que no se puede tocar, tu comprobante de entrega es un registro, no una firma. Vale la pena revisar hoy si tu sistema lo está guardando.