«No pasó, la vuelvo a pasar.»
La terminal tardó, marcó un error y en el mostrador cobraron otra vez. Pasaron las dos. El cliente se fue con su compra y con dos cargos, y lo descubrió una semana después en su estado de cuenta.
Ese contracargo tiene nombre: procesamiento duplicado. Y es de los pocos que el comercio casi nunca gana, porque el banco ve dos cargos iguales, a la misma tarjeta, con un minuto de diferencia. No hay evidencia que explique eso.
La defensa no está en el expediente, está en el mostrador. Un «error» o un «sin respuesta» en la pantalla no es lo mismo que «declinada»: la primera operación pudo quedar aprobada del lado del banco. Antes de volver a pasar la tarjeta, se revisa en la terminal la última operación. Si de todos modos salieron dos, se cancela una ese mismo día, antes del corte; al cliente le puede quedar un cargo pendiente unos días, pero no se le cobra. Pasado el corte, se le devuelve de inmediato y se guarda el comprobante.
Un cargo duplicado no es fraude de nadie. Pero si nadie lo corrige, cuenta igual que uno.