«No funcionó» y, en lugar de llamar a la tienda, el cliente llamó a su banco.
Pasa más de lo que parece: el producto falla, el cliente no encuentra cómo hacer válida la garantía o nadie le contesta a tiempo, y la disputa es el camino más corto que conoce. Para el banco es mercancía defectuosa, y si el comercio no demuestra que ofreció arreglarla o cambiarla, el cargo se regresa.
Lo que lo evita es que la garantía sea fácil de encontrar y de usar: en el ticket, en la caja y en el mensaje de confirmación, con un número o un WhatsApp que sí conteste. Y cuando el cliente reporte la falla, responder rápido y por escrito con la solución que se le ofrece. Esa conversación es lo que se presenta si de todos modos llega la disputa.