«Nadie aquí reconoce ese cargo», dijo el contador de la empresa. Y la disputa entró.
Pasa cuando vendes a otros negocios: alguien de la empresa compró con la tarjeta corporativa, el estado de cuenta llega a contabilidad un mes después y nadie sabe quién lo hizo ni para qué.
La venta era real, pero en el banco el cargo se ve igual que un fraude.
Lo que lo resuelve es dejar rastro de la empresa, no solo de la tarjeta: la factura emitida a su RFC, el nombre de la persona que compró, el correo con la cotización aceptada y la firma de recibido de quien recogió. Con eso, el contador encuentra la compra antes de llamar al banco, y si de todos modos llega la disputa, hay con qué responderla.