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«Firmé por 850 y me cobraron 950.» Así empieza la disputa.

En restaurantes y bares pasa seguido: la cuenta se cobra en la terminal, el cliente deja la propina anotada en el ticket y alguien la suma después al cargo. Para el cliente, el monto de su estado de cuenta no es el que autorizó, y para el banco tampoco.

Una disputa por monto incorrecto se defiende con el comprobante que el cliente aceptó. Si la propina no aparece ahí, no hay con qué responderla.

Lo que lo evita es sencillo: que la propina la teclee el cliente en la terminal antes de pagar, o que se cobre aparte con su propio comprobante. Y si de todos modos se agrega al final, que el cliente firme el ticket con el total nuevo, y ese ticket se guarde.