Hay contracargos que no se pelean.
Suena raro viniendo de alguien que vive de pelearlos, pero es la parte del trabajo que casi nadie cuenta. Cuando no hay con qué probar la entrega, cuando la venta se hizo sin autenticar, o cuando el cliente sencillamente tiene razón, responder no cambia el resultado: gasta tiempo, a veces cuesta una comisión, y de paso ensucia tu historial de casos.
Lo primero que hacemos con un caso es decidir si vale la pena pelearlo. No es rendirse: es separar los que se ganan de los que conviene aceptar rápido y convertir en otra cosa — una llamada al cliente, un cambio en cómo se entrega, un dato que a partir de hoy se guarda.
Un proveedor que te dice que todos los casos se pelean te está vendiendo horas, no resultados.