Un vestido a la medida, una mesa con el nombre grabado, un pastel con el diseño que el cliente eligió.
Lo que se hace sobre pedido no se puede vender a nadie más.
Por eso, cuando el cliente después dice «no es lo que pedí» y disputa, el comercio pierde dos veces: el dinero y la pieza.
Lo que protege estos casos es sencillo: antes de producir, mandar el diseño, las medidas o la muestra, y pedir que el cliente responda por escrito «sí, así lo quiero». Un mensaje de WhatsApp o un correo bastan, si dicen qué se aprobó y cuándo. Y dejar claro, también por escrito, que lo hecho sobre pedido no tiene devolución.
Con esa aprobación guardada, la conversación con el banco cambia: el cliente aprobó exactamente lo que recibió.