La evidencia sí existía. Nadie la encontró a tiempo.
Es el desenlace más frustrante de una disputa. El comercio cumplió, el cliente recibió, hay contrato firmado y comprobante de entrega. Pero el contrato está en la computadora de alguien que ya no trabaja ahí, nadie recuerda en qué carpeta quedó la grabación de la llamada y la foto de la entrega no tiene fecha visible.
Cuando por fin se junta todo, el plazo para responder ya venció.
Cada banco fija su propia ventana para contestar con evidencia, y suele contarse en días, no en semanas. No se amplía por buenas razones. Una evidencia excelente entregada tarde pesa lo mismo que ninguna.
Por eso, al revisar a un comercio, medimos algo que casi nadie mide: cuánto tarda en reunir el expediente completo de una venta cualquiera, elegida al azar. Si la respuesta se cuenta en días, la disputa está medio perdida antes de empezar.