¿Quién contesta cuando el banco pregunta?
No es retórica. Según con quién cobres, la respuesta cambia — y con ella los días que tienes para reunir la evidencia.
Si contrataste directo con un banco adquirente, tu comercio es el que aparece en la disputa y los plazos que te aplican son los de las marcas de tarjeta, completos.
Si cobras con uno de esos servicios que se contratan en línea —la terminal que llega por paquetería, el lector que se conecta al teléfono, la pasarela que se integra en una tarde—, quien aparece frente al banco es ese intermediario, no tú. Él recibe el aviso, él arma la respuesta y él decide cuánto de ese plazo te pasa. Puede darte tres días de los veinte que él tiene, porque necesita margen para revisar lo que le mandes.
No es malo. Cobrar así es más rápido, más barato de arrancar y para muchos comercios es la única opción realista. Pero cambia lo que te toca hacer: busca en su plataforma dónde llegan las disputas, cuántos días te dan a ti y en qué formato quieren la evidencia. Ese plazo, el suyo, es el único que corre para ti.
El que no sabe cuál de los dos es suele enterarse el día que pierde el primero por tiempo.